
Lapi
Aprender de nuevo
Lapi llegó tras el cierre de un centro que había asumido su custodia después de ser incautado en un piso. Había pasado toda su vida en un entorno doméstico, sin contacto adecuado con su especie.
El aislamiento dejó huella.
Desarrolló estereotipias y llegó a autolesionarse, hasta el punto de que fue necesario amputarle la cola para preservar su salud.
Cuando llegó a La Maleza era imposible imaginarlo conviviendo con otros de su especie. No sabía relacionarse.
Fueron necesarios meses de observación, paciencia y trabajo constante. Poco a poco comenzó a integrarse.
Y un día, sin hacer ruido, ya formaba parte de la manada.
Lapi nos enseñó que incluso después de una vida mal planteada, es posible reconstruir vínculos.
Su proceso fue largo. Su logro, enorme.
Siempre será parte de lo que aprendimos.